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viernes, 19 de mayo de 2017

El gran mago


dios y sus mascaras, nos hizo a su imagen y semejanza, un juEgo que voy a explicar en pocas palabras, los ciEgos somos los seres que nos proporcionò un rostro y un cuerpo para engañarnos y asi poder enamorarnos ciengamente unos de otros, pero existe el amor al projimo? bajo mi teoria no, solo existe el amor propio ya que en esencia (el Ser) somos la misma cosa, dios, parece un juEgo macabro pero tiene sentido desde el punto que dios quiere experimentar el amor al projimo aunque se engañe, pero lo cierto es que te amas a ti mismo cuando amas al projimo, no existe el projimo, no existe el ego, es un producto de un gran mago que nos engaña y se ama a si mismo por encima de todo, a creado el amor a la pareja, al hijo, al amigo, pero no existe como tal porque al ser lo mismo solo estas amandote pero con diferente traje ( El ego), parece complicado lo que intento explicar pero una vez que te aceptas y sabes que eres (dios) todo adquiere sentido, bienvenido al mundo de la magia, es como mirarse al espejo con un disfraz y quedar enamorado de lo bien que te queda, es de locos, es la vida que ha inventado para que èl sea feliz, osea nosotros...

viernes, 25 de noviembre de 2016

Nota mental

Querida vida, te escribo esta breve nota para decirte,... aunque eso ya lo sabes y todo lo que te voy a explicar, es una nota mental para mis conocidos y no tan conocidos, no se si pedir perdón por ellos y por mi, quizás sea lo mas acertado, perdón por todo el mal que causamos sea consciente o inconscientemente, la cuestión es que hoy me di cuenta de que me di cuenta de lo que sucede en nuestra realidad, muchos intereses, juEgo de ciEgos, demasiados años viviendo entre miseri...as hacen que el ser humano se vuelva insensible, es decir indiferente...nos alojamos del corazón y solo el intelecto cobra sentido, es decir la mente es el camino y el corazón el caminante, nos estamos olvidando de nuestro interior y solo observamos el camino, maravillados por la ilusión creamos un interior que siente por nosotros y que deseamos ser nosotros, el alma, no somos esa creación, somos el ser que habita este cuerpo que escribe, que siente, es nuestro cuerpo la piel del ser que muda cuando éste muere, asi como muda la mente hacia un nuevo cuerpo <> mente, debemos confiar en nosotros y tener fe en lo que sentimos que es la verdadera interpretación de la realidad, somos impulsos eléctricos deseando salir a la luz y estamos construyendo solo oscuridad cuando definimos la realidad sin un nosotros, sin conocimiento propio, la iluminación o despertar es la revolución de tú interior y que solo la consciencia es capaz de ver...

martes, 8 de noviembre de 2016

Renacer

la primera vez que observe algo de verdad fue un árbol, me quede embobado mirando sus ramas, el tronco y como la copa del árbol se mecía al viento, fue una sensación extraña verte ahí fuera como tú y él os fundíais en la nada, ahí fue cuando me di cuenta que algo dentro de mi había cambiado, ese día renací y no creo que lo olvide...

martes, 25 de octubre de 2016

Un universo de posibilidades


Una vida cargada de emociones se puede decir que vivo, he pasado de la oscuridad a la luz en muy poco tiempo, debido a una enfermedad me ha visto obligado a profundizar en mi interior, a resolver el enigma que todos llevamos dentro y he surgido como la flor de loto, limpio, claro y honesto conmigo mismo, en el trayecto a mi interior he luchado, he vencido y he perdido, todo ha sido una lección de vida donde el protagonista no era yo éramos todos porque cada vez que profundizaba en mi más veía lo que éramos, lo que somos, somos algo grande que no tiene nombre pero que puede ser nombrado por todos, esa realidad infinita es lo que nos mantiene unidos, somos un universo de posibilidades deseando surgir y solo necesitamos reconocernos para llegar a ser uno...

sábado, 3 de septiembre de 2016

Buda y la creencia...

Un día por la mañana, un hombre se acercó a Buda y le preguntó:
-¿Existe Dios?

Buda miró al hombre un momento y le dijo:
-Sí.

El hombre no podía creérselo, porque había oído que Buda no creía en Dios. Ahora bien, ¿cómo interpretar aquel sí?.

Por la tarde vino otro hombre y preguntó lo mismo:
-¿Existe Dios?

Y Buda dijo:
-No, en absoluto.

Al llegar la noche, vino un tercer hombre, se sentó delante de Buda y le preguntó:

-¿Me dices algo sobre Dios?

Buda le miró, cerró los ojos y permaneció en silencio. El hombre también cerró los ojos. Ambos estuvieron sentados en silencio durante media hora; el hombre tocó los pies de Buda y dijo:
-Gracias por tu respuesta- y se alejó.

Ananda uno de sus discípulos y primo de Buda no podía comprender que hubiera dado tres respuestas diferentes y dijo que debería pensar en sus discípulos o se volverían locos.
Buda respondió:

-Debes recordar una cosa. En primer lugar, esas preguntas no son tus preguntas; esas respuestas no te han sido dadas a ti. ¿Por qué entras en esto? No tiene nada que ver contigo. Ha sido entre esas tres personas y yo.

Ananda dijo:
-Puedo entender eso. No son mis preguntas y tú no me has respondido. Pero tengo oídos y puedo oír; he oído las preguntas, he escuchado las respuestas. Y las tres se contradicen..

Buda dijo:
-Piensas en la vida en términos absolutos, ése es tu problema. La vida es relativa. Para el primer hombre, la respuesta es sí; la respuesta tiene que ver con él y con las implicaciones de su pregunta, de su ser, de su vida. Ese hombre al que le he dicho que sí era un ateo; no cree en Dios, y yo no quiero apoyar su ateísmo. Va proclamando por ahí que Dios no existe. Pero incluso si te dejas un pequeño espacio para explorar… tal vez en ese espacio exista Dios. Puedes decir con absoluta certeza que no hay Dios cuando has explorado la totalidad de la existencia. Y eso sólo es posible al final, y ese hombre simplemente creía que no hay Dios, pero no tenía la experiencia existencial de que Dios no existe. Mi sí era en relación con su persona, con su personalidad. La misma pregunta de otra persona habría recibido otra respuesta.

Y eso es lo que ocurrió cuando dije “no” a esa segunda persona. La pregunta era la misma, pero el hombre que las pronunciaba era diferente. Es relativo. El segundo hombre era tan “tonto” como el primero, pero estaba en el polo opuesto. Él creía en la existencia de Dios, y había venido aquí para que yo refrendara su creencia. Yo no refrendo las creencias de nadie, porque las propias creencias son el obstáculo.

Por último el tercer hombre vino sin creencias. No me ha preguntado “¿Existe Dios?, NO. Ha venido con el corazón abierto, sin mente, sin creencias, sin ideologías. Era un hombre sano, inteligente. Me ha preguntado “¿Puedes decirme algo sobre Dios?” No estaba buscando que alguien apoyara su sistema de creencias, no estaba buscando una fe, no estaba preguntando con una mente llena de prejuicios. Y me ha preguntado por mi experencia.

He podido ver que ese hombre no tenía creencias en un sentido o en otro, es una persona inocente. Con una persona tan inocente, el lenguaje pierde sentido. Sólo el silencio sirve como respuesta. De modo que he cerrado los ojos y he permanecido en silencio. De esta forma ha comprendido mi respuesta, que Dios no es una teoría, una creencia con la que puedes estar a favor o en contra. Por eso me ha dado las gracias por la respuesta.

Ha recibido la respuesta de que el silencio es estar con Dios; no hay otro dios que el silencio. Y se ha ido tremendamente satisfecho, contento. Ha encontrado la respuesta. Yo no he dado respuesta, él la ha encontrado…

domingo, 17 de julio de 2016

INSENSIBILIDAD

Una vez el cerebro haya registrado una experiencia no hay marcha atrás. No existe posibilidad del olvido.
El cerebro debe registrar acontecimientos cotidianos y acordarnos donde está nuestro auto, nuestro cepillo de dientes, donde tenemos que procurar alimento y sustento. La memoria es una herramienta de subsistencia, necesaria.
Cuando el cerebro registra experiencias con carga emocional, con alto contenido de sentimientos y resentimientos, de dolor, obviamente podemos comprobar cómo va perdiendo vitalidad, frescura, energía, sensibilidad.
Necesitamos sensibilidad para darnos cuenta a cada instante que uno está siendo herido internamente, psicológicamente. Darnos cuenta de ese impacto psicológico cuando cuestionan mi eficiencia, mi honradez, mi honor…
El no darnos cuenta, no implica que no estemos sintiendo dolor psicológico, resintiendo, registrando, abriendo y reabriendo heridas. El no darnos cuenta implica que estamos quedando sin energía, sin sensibilidad para percibir y nuestro cerebro se encuentra aletargado, colapsado.
El no darnos cuenta, es que la mente se ha vuelto astutamente sutil y reacciona a la velocidad del rayo para justificar, defiende y ataca inconscientemente o disimula y escapa. La mente se vuelve espantosamente insensible, con lo cual esos impactos internos chocan de lleno en ese terreno de nuestro inconsciente psicológico.
Lo paradójico es que cuantas más heridas registro y recuerdo, menos capacidad de memoria necesaria para los quehaceres cotidianos. Uno se sorprende “perdido” sin saber dónde estoy, se nos ha olvidado donde he aparcado el auto o…tengo delante de mis ojos el cepillo de dientes y parece que se ha vuelto invisible. ¿No resuena?
¿Acaso no son estos estados como pequeñas demencias?

lunes, 27 de junio de 2016

El yo, el ego

El yo, el ego, es sólo una imagen proyectada por el pensamiento. Una ilusión que en cuanto se comprende se desvanece sin hacer ruido.

El pensamiento son sólo ideas, abstraciones, condicionamientos, imágenes, símbolos, programas. Es incompleto, limitado, ignorante. Vive preso del tiempo, de la memoria, del pasado, dando vueltas sobre si mismo.

La comprensión deja espacio al silencio donde lo sagrado es.